Tlamatini-amauta-kimche 3*

NGEN PEWÜN DE ÑAÑITA MAPUCHE
(El espíritu primaveral de la abuela mapuche)

2016 – WE TRIPANTU

¡Oh!,
Huincas urbanos.
¿Cuánto tiempo más permanecerán
borrachos de inconsciencia
con los ojos enceguecidos
de humos perjudiciales?
¡Oh!
Cuan inmensa es la distancia
que han trazado
como un mar
de enmarañada vanagloria.

Huincas urbanos,
Venid a comprobar los ingentes latidos
que difunde el We Tripantu.
Deben comprender
un largo traspasar de 365 días,
cansadamente acosados
por selvas tramposas,
laberintos traicioneros
e imponderables espesuras.
Aquí,
anualmente tenéis danzando
los pies descalzos,
sin importar la escarcha matutina,
plenos de amor materno-fraternal,
plenos de amor paterno-fraternal,
los agrupados pies que ciñen
a un incomprensible abrazo
de alcanzar todas,
todas las semillas
de la Ñuke-Mapu.
Gira y gira
la danza rogativa
en torno a un eje
de bendita dimensión:
El altar vestido con ramas del Canelo
y como oídos celestiales
se han depositado
el generoso mote y muday
junto al agua y la harina vital,
y como alas blancas de las aves
flamean las banderas del alma.
El cultrún 
apura el ritmo del universo general,
la trutruca, la pifilca, la cascahuilla
acercan al misterioso Ngen-newuen.
Y el efecto surge
el Ngen-newuen se manifiesta,
la Machi junto a los Lonkos
mutan en trance.
-Las horas trascurren-,
y la aurora
como alfileres de luz
perfora a la noche
y la renovación del ciclo
hace volver el enigmático cargamento
de las nuevas expectativas.
La mesa
es un camino interminable,
hay braseros
con fondos burbujeantes
y parrillas crepitantes.
El estómago trabaja
y la confesión de los comensales
aflora como agua pura
de vertiente cordillerana.
Los Weñis
son corderitos de faldeos
que alegres se mesen
como espuma de olas marinas
La Machi y los Lonkos
se tornan en trance
y la aurora como alfileres de luz
perfora a la noche.
El Ngen-newuen,
una vez más
ha devuelto la energía vital.

LOS AMPAROS DE ÑAÑITA EN LA CIUDAD
Con extenso cariño a Ñañita Hedy Painemal Cáceres

Soy una roca
que quedó incrustada
en el anillo matrimonial del tiempo,
luego,
a través de los reflejos
me convierto
en multitudes de gotas neblineras,
en un tejido que cubre
todo muro de la ciudad,
son ojos de insectos
que observan, mañana y tarde
el paso de un alma condenada
a solo sombra ser,
integra sombra,
carente de venas,
carente de nervios,
carente de calor.
mientras, ajenos
citadinos insensibles,
en burbujeantes calles
alzan a tiempo adquirido
grotescas risas despiadadas.
La sombra,
ya casi invisible vaga:
no la ven los periodistas,
le espetan odios
todos los tradicionalistas acérrimos,
solo los convencionalistas
le brindan hipócritas palmoteos.
Pudo ser
la abominable historia
de la irreversible tristeza.
¡Oh!,
cuanta sangre ha terminado
en olvido infértil,
han habido Jueces
que han desviado la vista
y Madres
que han negado
el supremo mandato maternal,
pero no por tanto pesimismo
olvidéis que se han dado,
en un par de milenios,
alineamientos de planetas
o en sangrientas selvas
leonas alimentando
algún indefenso animal.
Respirad profundo,
está el viento sur
soplando semillas,
viene caminando Ñañita
y si Ngen-pewün
es una corona constante de flores,
de nidos fecundos,
de múltiples laderas enverdecidas
y de manantiales cantores.
Trae la trapelacucha de la dulce Ñañita
una ventana de estrellas,
colmenares de abejas
y un canasto de plateados vilanos.
El manto de Ñañita
agita pliegues
de Madre madura.
Sonríen sus hijos,
su fogón cocinero
se mantiene encendido,
sus maceteros
de interminables plantas medicinales
son un secreto
del gran huerto del Edén.
Como descendiendo
desde el antiguo tren
bajó Ñañita,
pisó Ñañita
los ácidos suelos 
de la ciudad de la indiferencia,
los citadinos
continuaron la fiesta circular,
transitó Ñañita por calles
como lo hace un wampú
en un remanso.
La naturaleza
dilató sus poros
y en un rincón,
recogido como serpiente
o como un quiltro sarnoso
divisó Ñañita
a la famélica sombra
embotellada con negras y amargas lágrimas.



EL HORIZONTE DE ÑAÑITA

Puedo ser tu chuchú, (nieto en mapudungún)
él que en algún naufragio de la vida,
los arremolinados vientos
lo arrastrara
por caprichosos viajes
sin nunca llegar a un puerto.
Ahora,
me encuentro en tu regazo,
descansando sin temor
a que alguna fiera
salte asesina desde la copa arbórea.
Me llevaste a tu fogón,
me diste asiento en tu mesa,
lavaste mi rostro enfermo
y sembraste en mi alma desértica.
Yo,
rogué en tu canelo.
Yo,
aprecié al corazón melodioso de tu kultrún.
Mientras tú,
con tu magia narrativa
hiciste renacer a la selva araucana.
¡Sí!,
fui tu chuchú
caminando a tu paso,
recolectando juntos, raíces y yerbas.
Ñañita,
bajaste hasta mis ojos vagos
el cielo estrellado.
Yo,
te observo
afirmada en tu noble bastón,
la distancia proyecta
a tu áurea sobrehumana.
Eres la Machi
que ha convencido al tiempo
comportarse como un pequeño
borrego travieso.
Mientras,
pletórica en tu huerto
dominas tu azadón bendito
que acapara a toda tu esencia
de madre guerrera,
provocando el más intenso verdor
a todas tus siembras.
Ñañita,
hemos recogido huevos
en la tranquilidad de tus nidales,
y hemos recogido fruta
en la tranquilidad de tus plantíos.
Ahora,
al contemplar la imagen
de la integra Sacerdotisa,
el alma como una cruel ventosa
se me contrae casi a la asfixia.
La contemporaneidad
es una enorme viruta de asido
que carcome el juicio
recordando a cada instante
tanta desgracia e indignidad.
Nada, nada,
ya nada respira,
solo las nostalgias museológicas,
son quienes dimensionan la brillantez
de los auténticos Reinos y Señores
de la inefable y distante Preamérica.
Otro erizo metálico
nos despelleja el tacto:
dispersos divagan
los pocos hijos del mundo genuino,
dispersos divagan la lenta agonía.
Ya no encontráremos jamás a los Cortadores de piedra,
ni siquiera a aquel olvido
donde se esfumó su ciencia perfecta.
Ya no encontráremos jamás,
ni a las Tejedoras demantos y vasijas perfectas,
ni a los Medidores de la medida perfecta
midiendo el paso invisible de los astros, cometas y estrellas.
¡Oh!,
¿Qué es lo que queda de la vida plena?,
solo ciertas evocaciones
que se encienden, sean ya
en misceláneas ferias artesanales,
o en serenos recorridos de turismo curioso,
o en contradictorias dadivas municipales. 
Lo profundamente tangible que transciende
es el río del lagrimear incesante 
de algunos artistas de palpitación muy sensibles.
Ñañita,
Soy un eco que disemino el Festival de Woodstock,
rodé varias veces, los continentes
y en tu noble ruka
aprendí más humanidad 
que en todos los colegios huincas.
Soy tu chuchu,
y ahora, solo arde en mi sangre
la fiereza por que juntos enfrentemos
al ávido rigor que apremia
por un caminar desfibroso
e impoéticamente pragmático.

 * Corresponde a sabio en Nahuatl, quechua y mapudungun